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quédepoemas

Archivo: Marzo 2009

26/03/2009 GMT 1

José Hierro. Fe de vida.

jamartalo @ 16:44

José Hierro

Fe de vida

Sé que el invierno está aquí,
detrás de esa puerta. Sé
que si ahora saliese fuera
lo hallaría todo muerto,
luchando por renacer.
Sé que si busco una rama
no la encontraré.
Sé que si busco una mano
que me salve del olvido
no la encontraré.
Sé que si busco al que fui
no lo encontraré.
Pero estoy aquí. Me muevo,
vivo. Me llamo José
Hierro. Alegría. (Alegría
que está caída a mis pies).
Nada en orden. Todo roto,
a punto de ya no ser.

Pero toco la alegría,
porque aunque todo esté muerto
yo aún estoy vivo y lo sé.

Ya dije ayer que andaba leyendo a José Hierro. Aquí os dejo este poema, para ver qué os parece. A mí me ha gustado mucho, en su sencillez aparente, por su pureza, por su austeridad.

25/03/2009 GMT 1

Con el ritmo inmortal del poeta que puede sentir la alegría: José Hierro

jamartalo @ 18:54

No podrá morir nunca

EL MUERTO

Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca.

Yo lo veo muy claro en mi noche completa.
Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
muchos siglos de olvido y de sombra constante,
muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
a la yerba que encima de mí balancea su fresca verdura.
Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos
será azul. Temblará estremecido, rompiéndose,
desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas,
por el curvo volar de gorriones,
por las flores doradas y blancas de esencias frutales.
(Yo una vez hice un ramo con ellas.
Puede ser que después arrojara las flores al agua,
puede ser que le diera las flores a un niño pequeño,
que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo,
que a mi madre llevara las flores;
yo querría poner primavera en sus manos.)

¡Será ya primavera allá arriba!
Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría
no podré morir nunca.
Pero yo que he tocado una vez las agudas agujas del pino
no podré morir nunca.
Morirán los que nunca jamás sorprendieron
aquel vago pasar de la loca alegría.
Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
no podré morir nunca.

Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.

Hoy ha salido, con El País, una antología de José Hierro, y no he pedido resistir la tentación de comprarla. De ella he estado releyendo este fantástico poema de "Alegría", publicado en 1947.
Conviene fijarse en el uso de los pies acentuales de todos los versos. Muchos de estos son hexámetros muy bien construídos.
Es tremenda la primera oración del poema, que enuncia su temática, por su rotundidad, por el hondo silencio que se crea justo al final del segundo verso. Silencio que se hace todavía más denso porque esperas que acabe el hexámetro, que continúe diciendo estas maravillas.
Muchas gracias, Pepe, ("¡Será ya primavera allá arriba!"). Creo que voy a disfrutar un montón leyéndote en esta antología.

02/03/2009 GMT 1

Cinco epigramas de Ernesto Cardenal

jamartalo @ 13:00

Ernesto Cardenal

I

Imitación de Propercio
Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Ni con las joyas de la Joyería Morlock
ni con perfumes de Dreyfus
ni con orquídeas dentro de su caja de mica
ni con cadillac
sino solamente con mis poemas la conquisté.

Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza.

II

Hay un lugar junto a la laguna de Tiscapa
--un banco debajo de un árbol de quelite--
que tú conoces (aquella a quien escribo
estos versos, sabrá que son para ella).
Y tú recuerdas aquel banco y aquel quelite;
la luna reflejada en la laguna de Tiscapa,
las luces del palacio del dictador,
las ranas cantando abajo en la laguna.
Todavía está aquel árbol de quelite;
todavía brillan las mismas luces;
en la laguna de Tiscapa se refleja la luna;
pero aquel banco esta noche estará vacío,
o con otra pareja que no somos nosotros.

III

Yo he repartido papeletas clandestinas,
gritado: VIVA LA LIBERTAD! En plena calle
desafiando a los guardias armados.
Yo participé en la rebelión de abril:
pero palidezco cuando paso por tu casa
y tu sola mirada me hace temblar.

IV

Cuando los dorados corteses florecieron
nosotros dos estábamos enamorados.
Todavía tienen flores los corteses
y nosotros ya somos dos extraños.

V

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

He entresacado estos cinco epigramas de Ernesto Cardenal. Yo conocí a este poeta desde su poesía mística. Pero, cuando era joven, como vemos, tenía estos lindos poemas de amor (¿la mística no consiste también en hablar de amor?). Me gustan por lo sencillo, lo claro, lo cercano y lo inmediato que tienen, y pienso que a vosotros, quizá, os puedan decir cosas.
De todas formas trataré, en un futuro, de colgar también algo de la poesía mística que tiene, porque es muy buena.

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