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quédepoemas

Categoría: Angel Gonzalez

05/02/2008 GMT 1

Este amor ya sin mí te amará siempre. Ángel González.

jamartalo @ 14:16

angel_gonzalez.jpg

YA NADA AHORA

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora

-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-

podrá evitarlo:
exento, libre,

como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,

creciente en un espacio sin fronteras,

este amor ya sin mí te amará siempre.

Sí, ya sé que estoy un poco pesado, que me repito, pero ¿a que el poema lo merece? A mí me deja deslumbrado. "este amor ya sin mí te amará siempre". Desde el "polvo serán´, mas polvo enamorado" no he visto un endecasílabo semejante.

14/01/2008 GMT 1

Delante de la muerte. Ángel González.

jamartalo @ 08:44

FINALMENTE

Al final de la vida,
no sin melancolía,
comprobamos
que, al margen ya de todo,
vale la pena.

Poco de lo restante prevalece.

Valga como un agradecido adiós a Ángel González. A Dios gracias nos quedan sus poemas.

21/11/2006 GMT 1

Empezamos con Ángel González

jamartalo @ 14:20

gonzalezphoto.jpg

Bueno, pues esto empieza. Propongo estos dos poemas de Ángel González. La idea sería que se añadan todos los comentarios que se deseen sobre los poemas con impresiones, sensaciones, si te gustan, si no...en fin, lo que se quiera.
Allá van

ANGEL GONZÁLEZ
ME BASTA ASÍ

Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

¿CÓMO SERÉ...
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.

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