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quédepoemas

Categoría: Galaxia hispanoamericana

21/05/2009 GMT 1

Mario Benedetti.

jamartalo @ 15:55

Mario Benedetti

NO TE SALVES
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo

El otro día murió Mario Benedetti. Poco se puede decir salvo rendirle este pequeño homenaje. Desde aquí, ahora sí, uno siente una soledad tan desolada...

02/03/2009 GMT 1

Cinco epigramas de Ernesto Cardenal

jamartalo @ 13:00

Ernesto Cardenal

I

Imitación de Propercio
Yo no canto la defensa de Stalingrado
ni la campaña de Egipto
ni el desembarco de Sicilia
ni la cruzada del Rhin del general Eisenhower:

Yo sólo canto la conquista de una muchacha.

Ni con las joyas de la Joyería Morlock
ni con perfumes de Dreyfus
ni con orquídeas dentro de su caja de mica
ni con cadillac
sino solamente con mis poemas la conquisté.

Y ella me prefiere, aunque soy pobre, a todos los millones de Somoza.

II

Hay un lugar junto a la laguna de Tiscapa
--un banco debajo de un árbol de quelite--
que tú conoces (aquella a quien escribo
estos versos, sabrá que son para ella).
Y tú recuerdas aquel banco y aquel quelite;
la luna reflejada en la laguna de Tiscapa,
las luces del palacio del dictador,
las ranas cantando abajo en la laguna.
Todavía está aquel árbol de quelite;
todavía brillan las mismas luces;
en la laguna de Tiscapa se refleja la luna;
pero aquel banco esta noche estará vacío,
o con otra pareja que no somos nosotros.

III

Yo he repartido papeletas clandestinas,
gritado: VIVA LA LIBERTAD! En plena calle
desafiando a los guardias armados.
Yo participé en la rebelión de abril:
pero palidezco cuando paso por tu casa
y tu sola mirada me hace temblar.

IV

Cuando los dorados corteses florecieron
nosotros dos estábamos enamorados.
Todavía tienen flores los corteses
y nosotros ya somos dos extraños.

V

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

He entresacado estos cinco epigramas de Ernesto Cardenal. Yo conocí a este poeta desde su poesía mística. Pero, cuando era joven, como vemos, tenía estos lindos poemas de amor (¿la mística no consiste también en hablar de amor?). Me gustan por lo sencillo, lo claro, lo cercano y lo inmediato que tienen, y pienso que a vosotros, quizá, os puedan decir cosas.
De todas formas trataré, en un futuro, de colgar también algo de la poesía mística que tiene, porque es muy buena.

11/02/2009 GMT 1

Gioconda Belli. El hombre que la ame.

jamartalo @ 13:59

Gioconda Belli

REGLAS DEL JUEGO PARA LOS HOMBRES
QUE QUIERAN AMAR A MUJERES MUJERES

I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III

El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV

El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V

El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI

El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII

Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX

El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X

El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

Aquí os dejo estas lindas palabras de la poetisa nicaragüense que leí por primera vez en una antología de poesía latinoamericana. En ellas veo mucho de verdad y también mucho de lo que aprender (porque a amar, en contra de lo que nos vende Hollywood, también se aprende. Como a todo. Y ese aprendizaje es además constante. A amar se aprende a lo largo de toda la vida)
Espero que os gusten.

31/10/2008 GMT 1

Juan Gelman. La voz de Sefarad.

jamartalo @ 20:18

il batideru de tu saia nil vienti

Cuando mi aya muridu
sintiré entudavía
il batideru
di tu saia nil vienti/

uno qui liyera istus versus
prieguntara:"¿cómu ansí?
¿quí sintirás?¿quí batideru?
¿quí saia?/¿quí vienti?"/

li dixí qui cayara/
qui si sintara a la mesa cum mí/
qui biviera mi vinu/
qui scriviera istus versus:

>"cuando mi aya muridu
sintiré entudavía
il batideru
di tu saia nil vienti"/

(traducción del propio autor)

cuando esté muerto
oiré todavía
el temblor
de tu saya en el viento/

alguien que leyó estos versos
preguntó:"¿cómo así?/
¿qué oirás?¿qué temblor?
¿qué saya?/¿qué viento?"

le dije que callara/
que se sentara a mi mesa/
que bebiera mi vino/
que escribiera estos versos:

"cuando esté muerto
oiré todavía
el temblor
de tu saya en el viento"/

Ya os vengo diciendo que estoy deslumbrado con la poesía de Gelman.
En "Dibaxu", obra de la que forma parte este poema, el poeta se atreve a emprender la locura de escribir en sefardí (él es judío, pero de origen ucraniano. Es, por lo tanto, una lengua que no domina). Y el resultado es excelente. La voz poética, a lo largo de todo el libro, es de una sencillez intimista y exquisita. Buena muestra de ello es este poema. A mí me encanta. ¿Y a vosotros?

14/10/2008 GMT 1

Juan Gelman como padre

jamartalo @ 11:31

Juan Gelman

no quiero otra noticia sino vos/
cualquiera otra es migajita donde
se muere de hambre la memoria/cava
para seguir buscándote/se vuelve

loca de oscuridad/fuega su perra/
arde a pedazos/mira tu mirar
ausente/espejo donde no me veo/
azogás esta sombra/crepitás/

sudo de frío cuando creo oírte/
helado de amor yago en la mitad
mía de vos/no acabo de acabar/
es claramente entiendo que no entiendo

El 24 de agosto de 1976 Marcelo Ariel y Claudia, hijo y nuera respectivamente de Juan Gelman, fueron secuestrados por un comando militar. Claudia, además, estaba encinta. Nunca más se ha sabido de ellos ni de sus restos. Ni siquiera de la criatura que Claudia llevaba en su seno. Sobre este verdadero drama, elevado a categoría nacional (los desaparecidos de la dictadura argentina son miles), escribe Gelman una serie de poemas desgarradores, deslumbrantes, estremecedores. En ellos la entraña de un padre escarificado hasta el tuétano se expresa, y lo hace con una sintaxis deslabazada, fragmentada, rota, balbuceante. El horror le deja sin palabras. Pero aún así lo expresa.
Ya dije que estaba en deuda con Juan Gelman. Desde que leí estos poemas lo estoy mucho más. Son impresionantes.

30/09/2008 GMT 1

Juan Gelman y el destierro

jamartalo @ 11:32

Juan Gelman

NOTA XXII

huesos que fuego a tanto amor han dado
exiliados del sur sin casa o número
ahora desueñan tanto sueño roto
una fatiga les distrae el alma

por el dolor pasean como niños
bajo la lluvia ajena/una mujer
habla en voz baja con sus pedacitos
como acunándoles no ser/o nunca

se fueron del país o patria o puma
que recorría la belleza como
dicha infeliz/país de la memoria

donde nací/morí/tuve sustancia/
huesitos que junté para encender/
tierra que me entierraba para siempre.

Tenía esta deuda pendiente con Juan Gelman.
Este verano he estado con una antología suya, y tenía seleccionados varios poemas para ofreceros (recuerdo uno, precioso, en sefardí, del poemario que vino a llamar "dibaxu"). De hecho llegué a escribir un post en varias ocasiones. Pero, los duendes de la imprenta también saben de informática, el sistema no me dejó colgar el post (ya digo que lo intenté en varias ocasiones) y no encuentro la antología por ninguna parte.
En fin. Valga este precioso soneto para saldar la deuda, si es que consigo colgarlo.

23/04/2008 GMT 1

Octavio Paz se ilumina por dentro

jamartalo @ 15:46

Octavio Paz

CON LOS OJOS CERRADOS

Con los ojos cerrados
Te iluminas por dentro
Eres la piedra ciega

Noche a noche te labro
Con los ojos cerrados
Eres la piedra franca

Nos volvemos inmensos
Sólo por conocernos
Con los ojos cerrados

Con qué pocas palabras puede Octavio Paz lograr tanta intensidad poética, tanta profundidad. Este poema es un derroche, estando escrito, como está, con una escasez de recursos impresionante. Me apetecía que lo conocierais

26/03/2008 GMT 1

Neruda y el valor del silencio

jamartalo @ 14:08

neruda1.jpg

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

A petición de Mª Carmen, del departamento de orientación del cole, colgamos este poema (¿verdad que es lindo?). Queda pendiente colgar algo de Salinas, que también lo pide.
Aprovecho para comentar que, como no podría ser de otra forma, se admiten peticiones.

16/05/2007 GMT 1

Benedetti, corazón coraza

jamartalo @ 12:21

Mario Benedetti

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Omito comentarios. Casi prefiero que los hagáis vosotros.

01/12/2006 GMT 1

Pablo Neruda

jamartalo @ 18:52

Pablo Neruda

Todo un clásico. Y es lógico. Leer estos versos es leerlo todo. Dinamita pura. A mí, desde luego, me gusta mucho este poema número veinte de "veinte poemas de amor y una canción desesperada". Sobre todo el verso que dice "la noche está estrellada y ella no está conmigo". Muy evocador.
¿Y a ti qué te ha gustado del poema? A lo mejor, incluso, puedes decirme qué verso prefieres (o cuales, si son varios), y por qué.
Bueno. No me enrollo más. Te dejo a solas con Neruda. Que lo disfrutes

POEMA 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda, 1924

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