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quédepoemas

Categoría: Galaxia medieval

02/09/2009 GMT 1

La niña no duerme

jamartalo @ 11:10

"dadle sueño, airecillos"

La niña no duerme
de amores, madre:
dadle sueño, airecillos,
porque descanse,
y responden los ecos
de Manzanares:
"Muera la niña,
pues matar sabe."
Y entre tanto las hojas
juegan los aires,
ríense las fuentes,
cantan las aves,
y la niña sola
llora sus males.
¡Ay, Dios, qué de perlas
el aire esparce!
¿Qué os parece esta pequeña maravilla? La lírica tradicional castellana tiene estas cosas, que uno se pone a leer sus coplillas y puede llegar a abismarse ante bellezas como esta, de autor popular, seguramente colectivo, pero que podría llegar a firmar el mismo Lorca.
Feliz comienzo de curso a todos.

22/07/2009 GMT 1

Romance del enamorado y la muerte

jamartalo @ 23:34

¡ábreme la puerta, niña!

Yo me estaba reposando
anoche como solía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos se dormían.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.

- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.

- No soy el amor, amante:
La muerte que Dios te envía.
- ¡Hay muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!

- Un día no puedo darte,
- una hora tienes de vida.
Muy deprisa se levanta,
más deprisa se vestía.

Ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- ¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta niña!

- ¿La puerta cómo he de abrirte
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.

- Si no me abres esta noche,
ya nunca más me abrirías;
la muerte me anda buscando,
junto a ti vida sería.

- Vete bajo la ventana
donde bordaba y cosía,
te echaré cordel de seda
para que subas arriba,
si la seda no alcanzare,
mis trenzas añadiría.

Ya trepa por el cordel,
ya toca la barandilla,
la fina seda se rompe,
él como plomo caía.

La Muerte le está esperando
abajo en la tierra fría:
Vamos, el enamorado,
la hora ya está cumplida.

Me acerqué a este romance por primera vez de manos de la melosa voz de Amancio Prada. Todavía le recuerdo en aquel pequeño concierto que dió en la Iglesia de San Andrés de Ávila (bonita donde las haya) al que me pude colar gracias al cura que por aquel entonces decía allí misa. Fue un concierto íntimo, estupendo, en el que cantó el Cántico de San Juan regodeándose en cada lira como él sabe hacer... maravilloso.
Una vez finalizado el Cántico tocó alguna otra pieza (no recuerdo ya cuál. Andaba yo descendiendo a vista de las aguas, como la caballería de San Juan), y hete aquí que cogió su zampoña, manivela en ristre, y se arrancó a cantar estos versos. Segundo momento sublime de la noche.
Con esta velada en el paladar he querido traeros este romance, pues romance es, del enamorado y la muerte. Genial en su final, tan abrupto, en el que todo cae (literalmente) desde el cénit, me interesaría que os fijaseis en la voz narradora (muy clara al comienzo, diluyéndose paulatinamente gracias al estilo directo y a algún cambio de tiempo verbal que impone la rima). ¿No os da miedo eso de que un muerto os susurre al oído precisamente la historia de su muerte? ¿Quién ha dicho que la narración en primera persona comienza con Lázaro de Tormes?

14/02/2007 GMT 1

Jorge Manrique, vivito y coleando

jamartalo @ 14:16

jorge-manrique.png

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Clásico entre los clásicos, pero tan vivo... Es increíble cómo la poesía de Manrique, pasados seis siglos, se puede seguir leyendo y te sigue diciendo tantas cosas. Un clásico vivito y coleando.

27/11/2006 GMT 1

El romance del prisionero

jamartalo @ 13:39

celda22.jpg

Aquí dejo esta perla del romancero. Ya me diréis qué os sugiere.

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

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