Juana Castro al compás de aquellas bicis
TAN-TÁN
Para Yago
Una bandada dulce del color de la plata
pedalea al compás de los canales.
El cervatillo rubio de ojos fuertes y claros
tan-tán lleno de libros.
La pequeña doctora del universitair ziekenhuis
-bufanda, gorro, guantes-, velozmente navega
tan-tan-tán cara al viento helado de diciembre.
La madre que después del trabajo tan-tán
llena la cesta de ensalada y de pasta
y tan-tan-tantán dispone cada día las flores y las velas.
El anciano de bordes angulosos y frágiles
persistente tan… tán… igual que la llovizna.
Y en la brecha que el sol
abre en tarde de sábado
esa familia nórdica tan-tán, tan-tán, tan-tán
riente se aventura por los parques.
El silencio tan-tán en el remanso
tan plácido y tan verde de la historia.
El reloj de la vida es en Holanda
un rítmico tan-tán de bicicletas.
Muy llamativo en este poema de Juana Castro el uso de las onomatopeyas para ir dándole ritmo al poema. Por otra parte los que hemos tenido la suerte de estar en Holanda podemos decir sin lugar a dudas que lo que dice el poema es cierto. Allí las bicis son las reinas del lugar, y el ritmo parsimonioso, casi sin despeinarse, de los holandeses al pedal es digno de admiración.

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